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Fernanda Escárcega Ch.

 

De formas distintas y con intenciones diversas, la humanidad ha intervenido sobre los espacios que habita a lo largo de la historia. Hace miles de años pintó el interior de las cavernas con fines mágicos y de permanencia; hoy, la elección de un sillón o una lámpara puede responder a condiciones de confort, de costo y gusto, pero también de proyección social y, muy probablemente, de tamaño.

Muy cercano a la arquitectura y al diseño industrial, y respondiendo a la estética, pensamiento y condiciones de cada tiempo, el interiorismo se encarga de generar ambientes adecuados a su función y sus usuarios.

En esta entrada haremos un breve recorrido por lo que podría considerarse su historia.

Del valor ritual, religioso y social

a la función utilitaria, estética …y económica

De la prehistoria se ha dicho que, más que los espacios habitables, los humanos modificaban objetos que facilitaban el desempeño de sus tareas cotidianas. Con sus asentamientos, agricultura y organización social, las primeras civilizaciones –lo mismo Egipto y Mesopotamia que las culturas Olmeca, Maya o Mexica– construyeron templos, tumbas y pirámides, que respondían a sus propias creencias y demostraban poder sobre sus poblaciones y frente a otras.

Caverna Parque Traverga | Foto: Tania Crespo

Centrándonos en el mundo occidental –por ser sobre el que hay más información disponible–, continuamos hacia la vida en la antigua Roma. Allí, los domus o casas de nobles, contaban ya con una estética que buscaba la proyección de su jerarquía social, incluía espacios que cumplían con funciones religiosas y que se adaptaban a las condiciones climatológicas para garantizar cierto confort, según la época del año.

Durante la Edad Media la necesidad de defensa y el valor de las religiones como cohesionadoras de los habitantes según el territorio, marcaron las estructuras y apariencias de iglesias majestuosas, castillos y fortalezas.

Para la edad Moderna –de 1400 a 1800– el foco filosófico giró del teocentrismo hacia el antropocentrismo y, bajo esa mira, se sucedieron la época renacentista, la barroca y la neoclásica. En el Renacimiento italiano, el arte cobró mucha relevancia y se incorporó a las casas tanto en forma de piezas como de estilos. En Francia, a partir de 1600, se inició la competencia de “los luises” –Luis XIV con su estilo clásico, Luis XV con el Rococó y Luis XVI con el Style à la grecque– en la que reyes y cortes competían por tener la mejor decoración y diseño interior mediante la inclusión de lujosos tapices, alfombras, artesanías, telas, mobiliario y obras de arte. En ese momento, el gusto de la casa reinante dictaba el estilo y las líneas de diseño para un grupo, aún de élite, pero más extendido.

Decoración victoriana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Continua en la Pt. 2

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