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Fernanda Escárcega Chavarría

Con un estilo experimental que no solo desarrolla sobre la imagen sino también ensaya temas como lo urbano y la arquitectura, Zaickz Moz ha documentado varios proyectos de All Arquitectura. Nos gusta su trabajo y creemos que tiene una visión valiosa sobre lo que hace, así que lo buscamos para que nos contara cuál es su relación con los espacios y cómo ha sido su camino en la foto arquitectónica.

F: Empezamos con la pregunta obligada, ¿cómo pasaste de la Arquitectura a la Fotografía?

Z: Fue un proceso casi inevitable. En tercer o cuarto semestre de la carrera, en una clase de Teoría de la Arquitectura, me interesé por los conceptos de deriva y andanza como formas de aproximarse –o entender– la ciudad. Yo tenía el gusto por la foto, pero nunca había tomado una cámara en serio. Fue a partir de lo académico y de mi interés por la ciudad, que encontré, en la cámara, el medio para acercarme a esa escala arquitectónica mayor.

Nunca he tomado un curso de fotografía. Las cuestiones técnicas las fui aprendiendo sobre la marcha, acercándome a fotógrafos experimentados. En principio, lo que me movía era plasmar mi visión y percepción de la ciudad, lo demás no era tan importante.

Empecé haciendo foto de ciudad y poco a poco conformé el proyecto llamado “Andar a la deriva”. Tomaba la cámara, salía a la calle y derivaba, recorría un camino sin dirección clara. Capturaba lo que se me iba presentando como relevante. Permanecía en un punto, observaba y así cobraba conciencia de los lugares que, perdidos en la rutina y el ritmo apurado que se vive en los entornos urbanos, se habían vuelto invisibles.

“Andar a la deriva” me permitió empezar a experimentar en la fotografía y a cobrar conciencia de la arquitectura de la ciudad.

EL FUTURO ES HOY-Abierto Mexicano de Diseño

F: Esta idea de andar sin rumbo buscando atrapar las historias de los lugares es posible en –como tú la llamas– la gran escala de la ciudad, pero, pensando en un proyecto que tengas que documentar, ¿cómo te acercas al espacio arquitectónico antes de retratarlo?

Z: Hay que percibirlo antes de empezar a hacer las fotos. Doy una vuelta, me fijo en las dimensiones, las profundidades, los ángulos. Hay proyectos más difíciles que otros, en algunos sí tienes que estudiar la luz –cómo entra, por dónde sale, por dónde se oculta, cómo le pega al espacio–. Eso determina las posibilidades, por dónde empiezo y qué recorrido haré para aprovechar mejor.

A veces también indago sobre el proceso de materialización del espacio. Esto me ayuda a entender sobre qué idea se diseñó y con qué intenciones. Pero en general prefiero que el contacto sea espontáneo. Sentirlo y vivirlo de una sola impresión, desde mi propia experiencia.

Al final, lo que sucede casi siempre es que acabo haciendo mi interpretación del lugar y, desde esa reinterpretación, hago la foto. Por eso me gusta la idea de series fotográficas, porque suelo fragmentar el espacio, enfoco las atmósferas que percibo a través de sus detalles. Prefiero componer una imagen a partir del espacio que simplemente retratarlo.

F: Me queda claro que los temas que te interesan –la ciudad, la vivienda, la apropiación del espacio público– están presentes en tus proyectos personales; pero también creo que influyen en tu trabajo como fotógrafo de arquitectura. ¿Cómo has ido conformado tu estilo?

Z: Consumo mucha imagen, todos los días, desde el momento en que salgo de mi casa. Me fijo en los espacios, la luz, las sombras, las texturas. Eso, pero, por otro lado, está también el consumo más intencional: Instagram, plataformas de arquitectura, libros, revistas. Procuro revisar el trabajo de otros fotógrafos. Me fijo en el encuadre y la composición de la fotografía, el manejo de la luz que se le dio al tomarla, las texturas presentes y los colores. Trato de encontrarles los discursos y las intenciones.

Unas y otras, han ido generando una especie de biblioteca en mi cabeza. Se me quedan imágenes de todo tipo y se organizan de maneras que no acabo de entender. A veces, veo una foto ya terminada y le encuentro relación con alguna imagen que tenía guardada. No lo hago consciente, pero también sé que mis fotos no salen de la nada, todo lo que veo me inspira y de todo lo que veo se me van quedando rasgos, impresiones, que luego reconstruyo en mis fotos.

Registro de obra para Casa Sexta. Proyecto: All Arquitectura, Foto: Zaickz Moz.

F: Siempre he pensado que un fotógrafo es un curador de la imagen. El lente no es objetivo, en cualquier toma hay, inevitablemente, una intervención sobre lo que se captura. En tu caso, ¿qué dirías que le aporta la foto al espacio que documentas?

Z: Es importante entender que hay diferentes fines. Está el comercial y está el que podemos llamar más experimental. Yo me siento más cómodo en el segundo, prefiero tener mayor libertad para establecer un dialogo entre el espacio y la fotografía.

Como cualquier espectador o habitante del espacio, entro en un proceso de análisis y decido qué me interesa, qué llama mi atención. Cómo se intersectan algunos, planos, la textura, el color y la luz que dan vida al ambiente. Así decido por donde abordarlo. No suelo retratar el espacio tal cuál; más bien lo fragmento. Puedo ir captando tanto aspectos generales como detalles.

Trato de entender la intención del espacio, el trabajo que hay detrás de los elementos materiales que tengo enfrente y, cuando la encuentro, esa es la cara que busco atrapar. Al final puede que la idea inicial del arquitecto o el diseñador converja con la mía, pero igual puede que no; lo que no siempre es malo, pues aun siendo opuestas puede dar un buen resultado.

También puede suceder que el cliente quede insatisfecho. Hay que aprender a leer qué busca y también aceptar cuando lo que tú haces no es lo que él necesita. Sin embargo, he tenido la fortuna de que me busquen porque saben cómo trabajo y que consideren que yo soy la persona que puede ayudarles a transmitir lo que quieren, lo que dicen sus proyectos. Me gusta que se valoren mis lecturas y mis fotos, aún cuando los fines del cliente sean de negocio.

F: Abriéndote paso entre generaciones anteriores, ¿cuáles son los retos que has enfrentado como fotógrafo joven?

Z: En general, siento que he recibido mucho apoyo. Empecé a conocer del medio en el momento en que entré a trabajar con Onnis Luque. Con él fue mi primer acercamiento a la foto de arquitectura, esa fue mi escuela. Aprendí muchísimo a todos niveles y también me sirvió para identificar las cosas que quería replicar y las que no.

Ya por mi cuenta, me encontré con que el gremio se ha conformado como una red de colegas y amigos. Me siento muy en confianza para acudir a otros, para preguntar cuestiones técnicas, pedir referencias de clientes, presupuestos, prestar equipo, proponer colaboraciones. Por eso, yo no lo veo como que seamos competencia, cada quien hace lo suyo.

También creo que tu trabajo habla por ti. El valor o seriedad que le das a lo que haces te abre puertas, fortalece los vínculos. Vínculos que, además, son importantes para mantener un dialogo constante. La autocrítica y la crítica de los demás es indispensable, es la que impulsa la evolución, el aprendizaje y la mejora.

ATLAWA, proyecto al interior de Círculo Mexicano. Proyecto: All Arquitectura + Circadia Estudi, Foto: Zaickz Moz

F: Pensando en la autocrítica y en la mejora, ¿cuáles dirías que son las mayores dificultades de tu trabajo?

Hay muchas dificultades, ahora mismo puedo pensar varias, a distintos niveles. Por un lado está el reto de fotografiar un espacio cuando no es por sí mismo favorable. Hay que buscar la luz, trabajar la cromática en postproducción… De eso surge otra, saber decir “hasta aquí” y quedar satisfecho con lo que haces. Es fácil irse por las ramas, entre más abierto sea un proyecto, más caminos se pueden tomar. Eso me sucede en espacios vivos, en uso, quedo con la sensación de no haber terminado de captarlos. Sobre todo en espacios públicos.

Otra dificultad es que, a veces, para hacer un buen trabajo, hay que tomar en cuenta, no solo la intención o el fin del cliente sino también la forma en que el usuario vive ese espacio. Se vuelve más complejo. La cancha LA DOCE, por ejemplo, es un proyecto de espacio público. Su documentación no podía reducirse al diseño del espacio, había que captar la interacción de los habitantes con la cancha y también de ésta con el contexto en que se inserta.

A nivel más general, más de vida: el proceso de arrancar mi propio estudio. No fue fácil. Ir por tu cuenta implica muchas responsabilidades, te llena de dudas. Al principio no había buen ritmo de trabajo, tuve que aguantar. Todo el tiempo hay que reflexionar qué se hace bien, qué mal y cuál es la estrategia a seguir. Pero también, cuando las cosas empiezan a ir bien, llegan nuevos retos: más trabajo, más equipo, aprender a delegar, perder tiempo para los proyectos personales. En fin.

Con la pandemia, tuve tiempo de reflexionar, tomé vuelo y me lancé. Crecí el equipo, nos instalamos en una oficina; encontré sinergia con conocidos y amigos, fortalecí mis lazos laborales. Hoy siento el equipo fuerte. No doy por hecho que seguiremos así en el futuro, sé de la incertidumbre que tenemos de frente, pero esta situación generó movimiento y creo que me ha hecho crecer.

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