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#weareall

                            Fernanda Escárcega Chavarría

Un año ha pasado desde que se registró el primer caso de Covid-19 en el mundo; diez meses desde que en México empezamos con las medidas para hacerle frente a una enfermedad desconocida; el inicio de un 2021 que no parece ser el fin esperado de la pandemia.

Así como al principio de esta precaria situación, médicos, científicos y políticos intentaron prever una curva y una fecha de vuelta a nuestra “normalidad”, desde casi todos los ámbitos las personas trataron de concebir ideas revolucionarias que, si no fueran la solución final o la posibilidad de salvarnos a todos, al menos representara un negocio. Adaptabilidad e inventiva.

Entre dichos objetos podemos mencionar arcos desinfectantes, cajas con mangas para manipulación de documentos, tapetes de PVC con tachones, pistolas con nano spray, termómetros infrarrojos, dispensadores de gel con pedal, cubrebocas, barbijos, caretas y máscaras de estilos diversos. En otra naturaleza, las plataformas escolares, reuniones vía zoom, los auto conciertos, experiencias gourmet en casa, el teatro por WhatsApp, exposiciones de arte en estacionamientos…

Hubo y sigue habiendo muchas expectativas sobre la creación y el diseño de opciones para cuidarnos, pero también para devolvernos a la perdida normalidad.

En esta entrada quisimos salir a ver cuáles son las soluciones que la gente –y las autoridades– han dado a su vida cotidiana, qué estrategias y objetos forman parte de la estrategia para seguir operando a salvo.

Observar los elementos que –aún con diferentes formas o materiales– se repiten y las interacciones que se han consolidado alrededor de ellas puede ayudarnos a entender qué actividades nos son auténticamente fundamentales, dónde se está depositando la confianza y la seguridad, dónde habría que reforzarla y cómo podríamos pensar mejores opciones para nosotros y para el planeta.

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