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Fernanda Escárcega Ch.

 

Para quienes no lo sabíamos: hay un Día Mundial del Arte y se celebra anualmente el 15 de abril.

 

Según la proclamación de la Unesco (2019), la fecha se instaura para promover el desarrollo, la difusión y la promoción del Arte, actividad humana que, entre sus maravillosas cualidades –defiende la Organización– nutre la creatividad, impulsa el intercambio de conocimientos y fomenta el interés y el diálogo.

 

A propósito del día, en esta entrada, hablaremos de un artista que nació en el 22 agosto de 1959 –y no el 15 de abril de 1452–, belga –y no italiano–, que inició como arquitecto urbanista y que vino a México en 1986 como parte de un programa social para instalar acueductos en Oaxaca, sin saber que su fascinación por las periferias sociales lo llevaría a coincidir con un grupo de artistas de la época que se había instalado en el Centro Histórico de la capital.

 

Hablamos de Francis Alys –y no de Leonardo Da Vinci, en cuyo honor se instauró el día– porque su exposición Juego de Niñxs, actualmente en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, nos permite hablar de creatividad, intercambio, relevancia y, sobre todo, del poder transformador del arte en el espacio.

 

Juego de niñxs es un precioso repertorio de juegos de infancias de todo el mundo, documentados en video. Si en un primer momento el recorrido te recibe con risas, energía, memorias, futuro y un profundo sentimiento de esperanza, conforme las mirada se agudizan y se acoplan al brillo destellante de las pantallas, van tomando forma también los contextos que, como fondos particulares, van ensombreciendo las piezas.

 

 

El texto de sala anuncia que el artista documenta juegos que se dan en calles y patios, preocupado por que “las prácticas urbanas de modernización los han ido desterrando de la vida cotidiana, a medida que el concepto de espacio público va quedando trastornado por el predominio del transporte vehicular, y el acaparamiento del tiempo libre por las distracciones electrónicas”, pero resulta que la exposición conforma, no solo un registro, sino también una muestra sobre la que vamos entendiendo que lxs niñxs juegan reglas, roles y referencia determinadas por sus contextos y que las brutales diferencias entre unxs y otrxs son resultado de las injusticias que nos aquejan como humanidad.

 

El trabajo de Alys se ha caracterizado por abordar acciones mínimas o cotidianas, desde una sensibilidad poética y alegórica que resalta las diferentes realidades sociales, los conflictos, las tensiones políticas y geográficas. En esta exposición, reuniendo la matatena en Nepal, la cuerda en China, el resorte en Francia, disparos en México, rayuela en un campo de refugiados en Irak o una batalla de nieve en Suiza, nos lleva súbitamente de la ternura a la tristeza, del encanto a la desazón, de la ilusión a la crudeza más devastadora.

 

Sí. Sin embargo, más allá de apuntar las líneas de diálogo que la exposición lanza y las tremendas reflexiones a las que da lugar, me gustaría notar un aspecto, en apariencia, más superficial.

 

El montaje en la sala principal es increíble.

Una planta libre de alrededor de 700 m2 sin más iluminación que los videos proyectados. Las pantallas –¿20?, ¿30?– conforman un laberinto que podría recorrerse según la lógica y el ritmo de cada quien, pero que termina trazado en respuesta a los embistes probables que amenazan a cada paso.

 

¿Cómo?

Alguien tuvo la grandiosa idea de incorporar a la sala decenas de taburetes con ruedas y, desde la entrada, el visitante es sorprendido por estos carritos/avalanchas/sillones/trenes/gusanos que transforman absolutamente la dinámica esperada en un museo. Así el ánimo de júbilo que vemos entre lxs niñxs de los videos traspasa las pantallas y se vuelve real en el lugar. Sin importar la edad, la nacionalidad o el interés que tengan en la obra, cualquiera toma uno de los taburetes y ya está jugando.

 

Exposición Juego de niñxs

Foto: Irma Gallo en + Cultura

 

Artista, museo, exposición y montaje, proponen un tema y lo vuelven experimentable. Vivible. La función contemplativa habitual del espacio se trastoca. La solemnidad típica se revienta en carcajadas y voces que advierten el paso veloz de un asiento-flecha.

 

Sin más, la sala se vuelve un patio de juegos.

 

He ahí el poder transformador del Arte. Sobre el espacio, una función que sorprende. Sobre los significados, una acepción de exposición que no es común. Sobre las personas, que acuden a su memoria y vuelven un poco más felices. Y sobre las conclusiones de la misma exposición, pues si hay algo que puede salvar de la crudeza devastadora en que nos encontramos es, precisamente, la espontaneidad y sencillez que nos conduce cuando jugamos.

Juego de niñxs

Foto: MUAC

Fuentes:

 

MUAC

https://muac.unam.mx/exposicion/francis-alys

 

Amparo

https://museoamparo.com/artistas/perfil/20/francis-alys

 

Francis Alys

https://francisalys.com/

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